Research Contribution 7

El Sitio Arqueológico de Santoton, Ocosingo, Chiapas, México. Nuevos Datos
New Data on the Santoton Archaeological Site, Ocosingo, Chiapas, México

Alejandro Sheseña
Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

Ángel Sánchez Gamboa
Instituto Nacional de Antropología e Historia

Resumen

Con auxilio de materiales fotográficos, documentales y cartográficos inéditos rescatados recientemente de los archivos de Frans Blom, en el presente trabajo se retoma el estudio del sitio arqueológico denominado Santoton, localizado en el municipio de Ocosingo, Chiapas, cerca de Toniná. El sitio, que por muchos años había permanecido olvidado por los especialistas, es abordado aquí a través de la consideración de su emplazamiento y a través del análisis de los monumentos registrados en su momento por Blom. Se discute el papel que habría jugado este sitio en la red de relaciones existente entre las entidades políticas de la región.

Abstract

With the help of unpublished photographic, documentary and cartographic materials recently rescued from the archives of Frans Blom, the present work again takes up the study of the archaeological site named Santoton, located in the municipality of Ocosingo, Chiapas, near Tonina. The site, which for many years had been forgotten by the specialists, is addressed here through the consideration of its location and through the analysis of the monuments registered at the time by Blom. The role that this site would have played in the network of relationships between the political entities of the region is discussed.


Introducción

            De acuerdo con los reportes existentes, el sitio arqueológico de Santoton se localiza a 14 km. en línea recta al noreste de Toniná, en el municipio de Ocosingo, Chiapas, México (Blom y Duby 1957: 93; Piña Chan 1967: 80; Taladoire 2015: 56). El sitio destaca por la otrora presencia de estructuras arquitectónicas, restos de cerámica y, principalmente, monumentos esculpidos con inscripciones jeroglíficas e iconografía del periodo Clásico Tardío (Figuras 1-6). Éstos últimos son de hecho los que dieron nombre al lugar ya que la expresión santoton significa literalmente “piedra con forma de santo” en lengua maya tseltal. Fueron Frans Blom y Oliver La Farge quienes en 1926 dieron a conocer por vez primera el sitio en su obra Tribus y Templos. Después de una segunda visita Blom compartió datos adicionales en La Selva Lacandona, libro publicado en 1957. Desde esta última vez el sitio no había sido objeto de atención detenida por parte de los especialistas. De hecho, se desconoce el destino que tuvieron los monumentos esculpidos después de la última visita de Blom. Es difícil actualmente visitar el lugar debido al recelo extremo de los lugareños y a los conflictos sociales prevalecientes en el lugar. Una comunidad tseltal homónima se localiza actualmente sobre el sitio arqueológico.

            Sin embargo, gracias a la recuperación reciente, en los archivos de Blom, de fotografías, diarios, itinerarios de viaje y mapas inéditos referentes a Santoton, es posible ahora retomar el sitio para su estudio. Los materiales recuperados proporcionan en concreto información adicional sobre los monumentos esculpidos, las inscripciones jeroglíficas y la localización de Santoton, razón por la cual el sitio en el presente estudio se abordará a partir de la información que arroje la lectura actualizada de la epigrafía e iconografía asociada y considerando el emplazamiento del lugar. Con ayuda de estos nuevos materiales, y desarrollando ideas previamente propuestas por Alejandro Sheseña (2017: 74), en los siguientes párrafos se buscará elucidar la importancia que habría tenido Santoton en esta región del área maya.

Ambiente geográfico

            El espacio en donde se localiza el sitio en cuestión se ubica sobre terrenos cársticos calcáreos del norte de Chiapas caracterizados por una sucesión de anticlinales y sinclinales que da forma a tres largas y altas cordilleras paralelas que corren en dirección noroeste-sureste iniciando en Tabasco y finalizando en la selva lacandona (Breton 1984: 41-45). Los valles que se forman entre las tres cordilleras, a 1000 m.s.n.m. aproximadamente, modelan una suerte de dos largos corredores naturales paralelos (norte y sur), ligeramente accidentados en su mayor parte, que conectan la planicie de Tabasco con la selva lacandona. Es sobre el corredor norte, en la sección del amplio valle del río Naranjo, donde se ubica Santoton (Figura 7). Como referencia, Toniná se localiza aproximadamente a la misma altura pero sobre el vecino corredor sur. Hacia el noroeste de Santoton, sobre el mismo corredor norte, se localizan las actuales comunidades indígenas de Bachajón, Chilón, Yajalón y Tila en cuyos alrededores también hay sitios arqueológicos importantes (Bassie-Sweet et al. 2000; Sheseña y Lee 2004; Sheseña 2007; Sheseña y Tovalín 2013 y 2014; Bassie-Sweet 2015; Bassie-Sweet et al. 2015). Hacia el lado opuesto se encuentran las comunidades actuales de El Real y Monte Líbano, esta última en la entrada a la selva lacandona. Cabe señalar, para los fines del presente análisis, que a partir de Monte Líbano pasillos secundarios conectan el corredor norte con la cuenca del río Usumacinta a la altura del área de los sitios dinásticos de La Mar y Piedras Negras.

Los monumentos esculpidos

            De acuerdo con las descripciones de Blom, el sitio de Santoton estaba conformado por restos de edificios en torno a una plaza; uno de esos edificios era una “pequeña pirámide.” Ya en tiempos de Blom y La Farge el sitio era usado por los finqueros locales como cantera, hecho que llevó a la destrucción de las estructuras arquitectónicas señaladas (Figura 1) (Blom y La Farge 1986: 394; Blom y Duby 1957: 93-94).

            El sitio contaba, al momento de su documentación por Blom, con tres monumentos esculpidos del periodo Clásico Tardío: una escultura de bulto, un pedestal con inscripciones jeroglíficas, y una estela decorada con inscripciones e iconografía. Esta última fue el único monumento esculpido que Blom halló en el sitio, en el extremo oriente de la plaza cerca de un manantial; los otros dos monumentos fueron mostrados al arqueólogo danés en la finca cercana al sitio arqueológico después de haber sido sustraídos de su lugar original por los finqueros (Blom y La Farge 1986: 394; Blom y Duby 1957: 93).

            Todos los monumentos esculpidos desafortunadamente fueron hallados parcialmente erosionados. En lo que respecta a los jeroglíficos, los de la estela estaban completamente borrados, mientras que, en el caso de los del pedestal, el grado de conservación variaba. Blom realizó y publicó en las obras referidas dibujos de estos monumentos, así como el análisis epigráfico correspondiente de César Lizardi Ramos y Eric Thompson. Sin embargo, la erosión, así como las limitaciones de aquél entonces en el conocimiento de la lectura jeroglífica, condicionaron que Blom cometiera desatinos en la elaboración de sus dibujos y, por lo tanto, en su análisis y en el de sus colegas. Por fortuna, entre la documentación inédita descubierta se encuentran fotografías detalladas que hiciera en su momento Blom tanto de los monumentos en general como de las inscripciones en cuestión, lo que nos permite llevar a cabo una nueva lectura y valoración de éstos, misma que se expone a continuación.

            La escultura de bulto (de 67 cm. de altura según datos de Blom) representa, siguiendo el estilo típico de Toniná, a un personaje erguido y ricamente ataviado, aunque con los pies y cabeza cercenados (Blom 1948a: 192; Blom y Duby 1957: 97-98) (Figura 2a-b). La escultura carece de inscripción jeroglífica alguna, lo que nos impide darle una datación exacta. En La Selva Lacandona Blom incluye un dibujo que, aunque no es precisamente profesional, es suficientemente coherente con las fotos inéditas.

            El pedestal (de aproximadamente 55 cm. de largo y 12 cm. de alto por cada lado según datos de Blom), por su parte, también muestra los rasgos característicos del estilo escultórico de Toniná (Blom Blom y Duby 1957: 97-104). Se trata del típico objeto cuadrado de costados bajos a lo largo de los cuales corre un texto jeroglífico; al centro el objeto presenta una abertura circular que al parecer soportaba otra escultura (Figuras 3 y 4). En La Selva Lacandona Blom presenta dibujos tanto del monumento completo como de los jeroglíficos. Como ya se señaló, estos dibujos son inexactos, como lo es también el análisis epigráfico incluido de Lizardi Ramos y Thompson. Sin embargo, gracias a las fotografías inéditas de Blom, así como a los avances recientes en el área de la epigrafía maya, se puede ahora reconstruir algunos detalles y actualizar la lectura de la inscripción, como a continuación se expone.

            El texto inicia con una Rueda Calendárica que es imposible reconstruir aún en las fotos de Blom. Solo se identifican con seguridad los coeficientes del Tzolkin (12) y del Haab (15), así como el glifo del patrón de la noche G1. Sin embargo, la frase verbal que continúa se puede afortunadamente leer con suficiente claridad como ‘i-K’A’-yi ‘u-T533v-ki ‘u-SAK[‘IK’]-li, ‘i k’a’ay ‘u …k ‘usak ‘ik’il, “entonces se acabó su …, su aliento blanco,” en referencia al fallecimiento de una persona. Fue Harri Kettunen (2005) quien en general encontró este tipo de expresiones eufemísticas de muerte en las inscripciones del área maya. En el caso del pedestal en cuestión, desafortunadamente el nombre del personaje fallecido, a quien fue dedicado este monumento, es difícil de reconstruir debido al estado de erosión de los jeroglíficos correspondientes.

            No obstante, la última posición de esta primera cláusula puede leerse bien como ‘AJ-wa-li, posiblemente ‘aj wali[l], sin traducción convincente por el momento. Esta misma expresión aparece en un altar sin fecha de Toniná, el Monumento 82, al parecer funcionando como un título (aunque no se descarta como alternativa que se trate de un gentilicio) (Figura 5a). Que se trataría de un título lo puede indicar el hecho de aparecer en pareja con otra expresión bien identificada relacionada con miembros de la nobleza: ‘aj kololte’ (‘AJ-ko-²lo-TE’), la cual también aparece en el Monumento 149 de Toniná (Figura 5b). Cabe señalar que el término cognado ch’orti’ kororte’ significa “cacastle” (Hull 2016: 205), palabra de origen náhuatl que en español quiere decir “angarillas” (Hernández 1996: 72). Las angarillas podían servir, entre otros varios usos, como “andas para transportar en procesión imágenes o personas sagradas” (Real Academia Española 2018). De tal suerte que la expresión ‘aj kololte’, traducida como “El de las andas,” podría funcionar como un título y se referiría a un personaje de la nobleza con suficiente autoridad para ser transportado en andas a semejanza de un gobernante. La asociación que en el Monumento 82 presenta con este posible título la expresión ‘aj wali[l] permite entender que ésta podría ser también un título nobiliario, aunque su traducción exacta por el momento permanezca desconocida. El personaje fallecido recordado en el pedestal de Santoton sería entonces no un gobernante sino un noble. No se descarta, como se señaló, que el término wali[l], al igual que kololte’, puedan referirse en realidad a gentilicios; wali[l] en particular podría corresponder al nombre prehispánico de Santoton. Si este fuera el caso, entonces el Monumento 82 de Toniná haría referencia a un personaje proveniente justo de Santoton.

            El texto continúa con un número de distancia difícil de identificar que lleva a una fecha que, gracias a las fotos inéditas de Blom, hemos podido reconstruir como aquella correspondiente al fin de periodo 9.16.10.0.0  1 Ajaw 3 Sip, 17 de marzo del año 761 d.C., durante el cual reinaba el patrón de la noche G9, fecha alrededor de la cual se habría elaborado el pedestal. Esta fecha cae en el periodo de gobierno del señor de Toniná K’ihnich Tuun Chapaht. Recuérdese que este señor gobernó, según Simon Martin y Nikolai Grube (2008: 186), alrededor del año 762 d.C. Esto por cierto significaría que el Monumento 82 de Toniná, sin fecha, que presenta el mismo estilo de trazos torcidos que presenta el signo ‘AJ de la expresión ‘aj wali[l] en el pedestal de Santoton, puede datarse para los mismos años, es decir, correspondería al gobierno de K’ihnich Tuun Chapaht. Cabe destacar que el texto del pedestal de Santoton forma parte de una práctica en Toniná consistente en registrar los fallecimientos de nobles importantes enlazándolos con las fechas de fin de periodo más cercanas, como es el caso, por ejemplo, del citado Monumento 149 (año 795-96 d.C.) y el Monumento 114 (año 794 d.C.). Por cierto, en este último monumento, aunque fue elaborado por el llamado Gobernante 8 (>787-806>d.C.), se registra, según Martin y Grube (2008: 189), la muerte de un noble que aparentemente era vasallo o pariente del anterior gobernante, es decir, del referido K’ihnich Tuun Chapaht.

            En resumen, la inscripción del pedestal de Santoton nos habla entonces acerca de la muerte de un noble importante asociado con la expresión nobiliaria o gentilicia ‘aj wali[l] ocurrida cerca del fin de periodo 9.16.10.0.0 1 Ajaw 3 Sip, 17 de marzo del 761 d.C., durante el gobierno de K’ihnich Tuun Chapaht, señor de Toniná; el noble tal vez sería algún pariente o vasallo de dicho gobernante con poder sobre Santoton.

            Con respecto a la estela (de 1.50 m. de altura, 51 cm. de ancho y 18 cm. de espesor según datos de Blom), ésta presenta en su cara frontal la representación esculpida en bajorrelieve de un personaje de pie ricamente ataviado, mostrando su perfil izquierdo, acompañado de un par de columnas jeroglíficas frente a su rostro completamente erosionadas que desafortunadamente no posibilitan datar el monumento con exactitud (Blom y La Farge 1986: 393; Blom 1948a: 197) (Figura 6a). En Tribus y Templos Blom publicó tanto el dibujo como la fotografía de este monumento. Como se puede notar, resalta el hecho de que, al contrario de los dos monumentos anteriores, y tal como atinadamente ya lo había notado el arqueólogo danés (Blom y La Farge 1986: 395; Blom y Duby 1957: 93-94), el estilo de esta estela está evidentemente asociado no con Toniná sino con otra región: la región del Usumacinta o incluso regiones más distantes hacia el este como el Petén. Destaca la presencia de un objeto tridente[1] portado por el gobernante representado, objeto que, como lo notó Blom en su momento, es semejante a los presentes en la Estela 30 de Naranjo (Figura 6b) y en el dintel de madera del Templo III de Tikal (Blom y La Farge 1986: 394; véase también Stemp et al. 2012 y Scherer y Houston 2018: 120-122). Desafortunadamente la erosión de la inscripción jeroglífica no permite saber cuál sería el origen exacto de esta estela.

Por último, cabe señalar que Santoton no es el único sitio arqueológico en el valle del río Naranjo, aunque sí el único con inscripciones jeroglíficas conservadas. Son vecinos de Santoton, de oriente a poniente, los sitios de Banavil (estructuras arquitectónicas y tumbas, restos óseos y cerámica perteneciente por temporalidad, según Blom, al periodo cerámico Holmul del Peten), Nuevo México (estructuras arquitectónicas sin datación exacta), Santa Catarina Najós (cueva con huesos humanos y “muchos tepalcates y trastes de barro” sin datación exacta), Huacá (montículos y dos altares circulares “sin glifos u otros adornos” sin datación exacta) y, en la salida del valle hacia el noroeste, Ofir (edificio “tipo maya” y una cabeza de jade sin datación exacta) (Blom 1950; 1954: 130; Blom y Duby 1967: 90, 104, 106-109, 238; Piña Chan 1967: 47). Estos sitios desafortunadamente se encuentran sumamente saqueados y sin atención de las autoridades arqueológicas correspondientes (Figura 7).

La importancia de Santoton

            Es evidente por sus monumentos esculpidos que Santoton era un sitio destacado en esta región del área maya. Consideramos que este realce estaba condicionado por la singular ubicación geográfica de este sitio, como a continuación argumentamos.  

            El corredor norte y, en este caso concreto, el valle del río Naranjo, donde se localiza Santoton, por su geografía accesible han sido históricamente aprovechados por la población local para trazar rutas de comunicación que unen la selva lacandona con el norte de Chiapas o viceversa, tal como lo evidencian, por ejemplo, los mapas, diarios e itinerarios de viaje inéditos del propio Blom. De acuerdo con esta documentación, un camino proveniente de Bachajón pasaba, en su correr hacia la selva lacandona, por el valle del río Naranjo y las fincas y poblados de Jericó, Ofir (cerca del sitio arqueológico), San José Reforma (cerca de Santoton), Santa Catarina Najós (cerca del sitio arqueológico), Sobojicte, Chacalaltic, El Recreo, Nuevo México (cerca del sitio arqueológico), El Real, Yaxoquintela, Banavil (cerca del sitio arqueológico), Santa Isabel, río Jetha y finalmente Monte Líbano (Blom s.f.; 1948a: 181-233; 1950; Blom y Duby 1957: 89-91). Este era el camino, en tiempos de Blom y La Farge, que seguían los tseltales de Bachajón cuando se trasladaban a trabajar a las fincas enumeradas (véase Legorreta 2016: 89).

            También Gertrude Duby realizó en 1961 un viaje, en el sentido inverso, por casi toda la extensión del mismo corredor norte partiendo desde Monte Líbano hasta el río Ixtelha, en Tumbalá, al norte de Yajalón, en el norte de Chiapas. Duby siguió un camino que partía de Monte Líbano pasando por las fincas, ranchos y poblados de Jetha, Santa Isabel, Yaxoquintelá, El Real, Nuevo México, Sobojicte, San José Reforma (de nuevo, cerca de Santoton), Tontequil, todos éstos en el citado valle del río Naranjo, y después, en la salida del valle en cuestión, Pohkool, el Carmen, Jericó y Shokhotha. Su camino hacia el norte de Chiapas por el mismo corredor lo prosiguió por Temó, Joybe, Bachajón, Santa Clara, Las Delicias, Chilón, Campo Grande, San Pedro, Rancho de  Mario Trujillo, Yajalón, Unión, El Paraíso, Hidalgo, Estrella de Belem, Yebalchen, Tumbalá, La Sombra, Obregón, El Porvenir y finalmente el río Ixtelha (Duby 1961a).

            Si consideramos ahora, siguiendo a Carlos Navarrete (1973: 34), que los caminos coloniales y actuales están en realidad trazados sobre rutas prehispánicas, entonces Santoton se habría localizado en uno de los caminos prehispánicos de la región, aquél que comunicaba, como los de hoy, la selva lacandona con la planicie de Tabasco o viceversa a través del valle del río Naranjo y las montañas del norte de Chiapas (Figura 7).

            Ahora bien, esta ruta a través del valle en cuestión debió ser sumamente importante en la antigüedad si la insertamos en la red regional de rutas de intercambios de bienes y materia prima. Excavaciones arqueológicas recientes llevadas a cabo por Alejandro Tovalín y Alejandro Sheseña en el sitio arqueológico de Bolonkin (un sitio con restos de estructuras arquitectónicas, escultura y criptas con pintura mural), cerca del mencionado poblado de Chilón, al noroeste de Santoton, han mostrado que la élite de este lugar consumía piedra verde muy probablemente procedente del área del río Motagua (Tovalín y Sheseña 2015, 2016, 2018, en prensa; Mitrani Viggiano et al. 2017). Esto implica que la importación de esta materia prima desde la selva lacandona, y particularmente desde el río Usumacinta, debió usar determinada ruta de tránsito. La ruta óptima por su accesibilidad para la importación desde este rincón de la selva lacandona hacia Bolonkin y el norte de Chiapas habría corrido, como lo hemos evidenciado con los datos del siglo XX, justo a través del valle del río Naranjo y el área del actual Bachajón. La ruta después continuaría hacia Bolonkin y los sitios prehispánicos vecinos de Mukana, Nachoj y Natentsun. Cabe señalar que en Bachajón una bifurcación continuaría hacia el corredor sur pasando por los sitios prehispánicos de Ux Yoket, Nahtil Cruz, Gololton y Wololchan. Estas mismas rutas habrían servido para importar, en la dirección contraria, materia prima y mercancías desde Tabasco hacia la selva lacandona (Sheseña 2007) (Figura 7).[2]   

            Como se puede observar, la estratégica ubicación del valle del río Naranjo otorgaba realce a este lugar y alentaban el emplazamiento aquí de asentamientos, como es el caso de Santoton y sus vecinos. En tal localización estos sitios pasaban a ser puntos de tránsito que debían ser considerados por cualquiera que deseara hacer uso de la ruta en cuestión. Es de suponer entonces que todos los asentamientos ubicados a lo largo de esta vía debieron, por lo menos en una primera instancia, haberse beneficiado del control que pudieran haber ejercido sobre el intercambio de piedra verde y otras materias primas.

            Pero el tránsito de piedra verde procedente de la selva lacandona a través del valle del río Naranjo habría traído consigo a este lugar también la influencia cultural e incluso la presencia política, diplomática o militar, de los centros dinásticos de la selva lacandona, máxime que la ruta en cuestión libraba geográficamente el tránsito por Toniná. Es muy probable que las entidades del Usumacinta más cercanas al acceso al valle del río Naranjo, como es el caso de La Mar, hayan estado interesadas en tener presencia en dicha vía o, mejor aún, controlarla. De hecho, La Mar es, de los sitios dinásticos identificados del Usumacinta, el más cercano al valle del río Naranjo que presenta el estilo escultórico de estelas hallado en Santoton. Justo por la existencia de la estela es evidente que entidades políticas del Usumacinta en efecto mantuvieron en algún momento determinada presencia sobre Santoton, y sobre el valle en cuestión, tal vez a través de un vasallo local. Desafortunadamente el texto jeroglífico de la estela de Santoton no se conservó y no sabemos las circunstancias ni las fechas en las que la interacción entre este sitio y el Usumacinta ocurrió.

            Sin embargo, otra entidad estaba interesada en el valle del río Naranjo y ésa era Toniná, como lo evidencian el pedestal y la escultura de bulto. Como es sabido, Toniná también consumía la piedra verde procedente del área del río Motagua (Becquelin y Baudez 1979: 1037; Taladoire 2016: 15, 25). Tomando en cuenta esta circunstancia, y secundando la propuesta de Sheseña (2017: 74), nosotros consideramos que Toniná habría estado interesada en usar a Santoton como punto de control del flujo de intercambios que acontecía en esta ruta, por demás relativamente lejana del área central de Toniná, para asegurarse para sí el abastecimiento de las materias primas foráneas inexistentes en el valle de Ocosingo, entre ellas la piedra verde. El control del valle del río Naranjo, particularmente de su extremo oriental, era también necesario para Toniná si quería asegurarse la salida hacia la cuenca del Usumacinta. Gracias a la información recuperada por nosotros del pedestal de Santoton, se puede ahora afirmar que Toniná estableció su presencia firme en Santoton, seguramente con los fines señalados, de manera diplomática o militar, por lo menos desde el gobernante K’ihnich Tuun Chapaht, en particular alrededor del año 761 d.C., y que era a través de un personaje de alto rango, tal vez un pariente enviado o un vasallo local, que Toniná ejercía control sobre Santoton. Este punto de control habría marcado de esta manera uno de los confines del territorio de Toniná (Taladoire 2015: 56; 2017: 162). Armando Anaya (2006) ha resaltado la importancia para las antiguas entidades políticas mayas de controlar tanto sitios en los límites del dominio como también rutas de comunicación no solo para garantizar la integridad del territorio propio sino también para acrecentarlo y extender su influencia más allá de su zona inmediata.

            Como podemos notar, el corredor norte, así como Santoton, eran objeto de interés económico tanto de Toniná como de las entidades políticas del Usumacinta cercanas. Esto habría sido uno de los motivos del conocido conflicto entre Toniná y ciudades como La Mar, por ejemplo. De hecho, hay evidencias del conflicto con La Mar ya desde tiempos del gobernante de Toniná K’ihnich Baaknal Chahk (688-704> d.C.), quien en algún lugar capturó a un personaje proveniente de La Mar llamado Chan Ma’s (Martin y Grube 2008: 181-182; Sánchez Gamboa, Sheseña y Krempel, en prensa). Otro de los actores involucrados en este escenario habría sido Sak Tz’i’. Si esta entidad política se localizaba, como lo ha propuesto Péter Biró (2005: 27), en algún lugar entre Piedras Negras y Toniná, entonces es probable que Sak Tz’i’ también haya incursionado en el corredor en cuestión trastocando los intereses de Toniná. Esta habría sido una de las causas del conflicto entre ambas entidades, conflicto que terminó, según el Monumento 83 de Toniná, con la conquista del territorio de Sak Tz’i’ por parte de Toniná bajo la dirección del llamado Gobernante 8 (>787-806> d.C.), tal vez en el año 796 d.C. (Martin y Grube 2000: 188-189; 2008: 188-189; Biro 2005: 26-27). Recuérdese que el Gobernante 8 fue el señor que sucedió a K’ihnich Tuun Chapaht, aquél que extendió el dominio de Toniná hasta Santoton.

            Con el triunfo del Gobernante 8 de Toniná sobre Sak Tz’i’ finalmente habrían quedado asegurados no solo el valle del río Naranjo sino también el paso secundario hacia la cuenca del Usumacinta –proyecto expansionista comenzado por lo menos desde tiempos de K’ihnich Baaknal Chahk. Por este paso secundario debió seguirse una ruta seguramente semejante a la que seguía Blom en sus viajes desde Toniná hacia el río Usumacinta, ruta que pasaba primero por El Capulín (cerca de Monte Líbano) y después por laguna Petha para salir a la cuenca del Usumacinta (Blom 1929, 1948a y 1948b). Una ruta similar reconstruida recientemente por Josuhé Lozada con auxilio de SIG incluye el actual poblado de Sibal, localizado cerca de la laguna Petha, como parte de un recorrido que va desde Monte Líbano hasta La Mar (Lozada 2017: 435-436).[3]

            Por último, es importante no adjudicar un papel completamente pasivo a Santoton (y los sitios vecinos) en este escenario de disputas bélicas. Es posible, como ya lo había atisbado Blom, que la presencia de dos o más entidades políticas en Santoton haya estado también condicionada por determinada capacidad de este sitio, por lo menos en algunos momentos, de definir de manera autónoma la esfera de influencia a la que pertenecería (Blom y Duby 1967: 104) incluyendo la opción de cambiar de fidelidad dependiendo de las circunstancias.

Reconocimientos

Por todo su apoyo agradecemos a Patricia López Sánchez, Gregorio Vásquez y Lidia Gopar, directora y colaboradores respectivamente del museo Na Bolom, así como también a la arqueóloga Karina I. Lara.

[1] De acuerdo con Andrew Scherer y Stephen Houston (2018: 119-122), este tipo de objetos estarían relacionados con rituales nocturnos de fuego y sacrificio desarrollados tanto por gobernantes como por subalternos en funciones de ch’ajoom. Este sería el caso del personaje mostrado en la estela de Santoton.

[2] Actualmente Alejandro Sheseña, Josuhé Lozada y Francisco Cruz se encuentran reconstruyendo con auxilio de SIG las rutas de comunicación prehispánicas de la región montañosa del norte de Chiapas.

[3] Para una ruta alterna véase Schroder et al. 2017: 6.

Figuras

Figura 1. Estructuras arquitectónicas de Santoton. a. Mapa del sitio elaborado por Frans Blom tomado de Blom y Duby 1957: 94. b. Fotografía inédita de Frans Blom (foto No. 5, rollo 32 Real 123) publicada aquí con autorización de la Asociación Cultural Na Bolom A. C.

 

Figura 2. Escultura de bulto de Santoton. a. Dibujo de Frans Blom tomado de Blom y Duby 1957: 98. b. Fotografía inédita de Frans Blom (foto No. 2 del rollo 33 S tot S jo tonin 114) publicada aquí con autorización de la Asociación Cultural Na Bolom A. C.

Figura 3. Pedestal de Santoton. El texto jeroglífico en un dibujo de Frans Blom tomado de Blom y Duby 1957: 102-103.

 

Figura 4. Pedestal de Santoton. El texto jeroglífico en fotografías inéditas de Frans Blom (fotos No. 3, 4, 5 y 6 del rollo 33 S tot S jo tonin 114) publicadas aquí con autorización de la Asociación Cultural Na Bolom A. C.

 

Figura 5. Monumentos de Toniná. a. Monumento 82. Dibujo de Ian Graham y Peter Mathews tomado de Graham 1996: 112. b. Monumento 149. Dibujo de Ian Graham tomado de Graham 2006: 82.

 

Figura 6. Estela de Santoton y comparaciones. a. Estela de Santoton. Dibujo de Frans Blom tomado de Blom y Duby 1957: 95. b. Estela 30 de Naranjo. Dibujo de Ian Graham tomado de Graham 1978: 79.

 

Figura 7. Modelo tridimensional que muestra la ubicación aproximada de Santoton, los sitios arqueológicos y poblados actuales referidos en el artículo, y la ruta de comunicación propuesta. 1) Monte Líbano. 2) Banavil. 3) Nuevo México. 4) Santa Catarina Najos. 5) Ofir. 6) Huaca. 7) Santoton. 8) Tonina. 9) Ux Yoket. 10) Bachajón. 11) Nahtil Cruz. 12) Gololton. 13) Ya’aleltsemen. 14) Wololchan. 15) Mukana. 16) Nachoj. 17) Natentsun. 18) Chilón. 19) Bolonkin. 20. Yajalón. Modelo elaborado por Karina I. Lara.

 

Bibliografía

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en prensa         El sitio arqueológico de Bolonkin en una de las rutas prehispánicas de comunicación desde el interior de Chiapas hacia Tabasco.


Palabras clave

Toniná, rutas prehispánicas de comunicación, epigrafía maya, sitios mayas clásicos, geopolítica de los antiguos mayas, Chiapas prehispánico, Usumacinta.

Key Words

Tonina, prehispanic communication routes, Maya epigraphy, Classic Maya sites, geopolitics of the ancient Maya, prehispanic Chiapas, Usumacinta.


Suggested citation: Sheseña, Alejandro and Ángel Sánchez Gamboa. “El Sitio Arqueológico de Santoton, Ocosingo, Chiapas, México. Nuevos Datos” Contributions to Mesoamerican Studies, April 23, 2019. https://brucelove.com/research/contribution_007/

Downloadable PDF: El Sitio Arqueológico de Santoton, Ocosingo, Chiapas, México. Nuevos Datos by Alejandro Sheseña and Ángel Sánchez Gamboa, 2019.